Hay caminos que se eligen y hay caminos que te eligen.
Acompañar en biodescodificación es uno de ellos.
Llegué a este espacio impulsada por la búsqueda. Por esa sensación, tan íntima como incómoda, de que la medicina no siempre alcanzaba… de que había algo más latiendo detrás de cada síntoma.
Y desde mi amor por la biología —esa pasión por comprender la vida en su lenguaje más preciso— encontré un puente hacia otra forma de mirar: una biología que también siente, que también recuerda, que también habla en silencio.
Hoy, desde mi rol de tutora, entiendo que no se trata solo de enseñar.
Se trata de sostener procesos, de acompañar .
De estar presente cuando las respuestas todavía no aparecen y cuando lo que emerge incomoda.
Crecer, evolucionar, sanar no siempre es suave e implica atravesarse.
Acompaño alumn@s… pero también acompaño historias, procesos profundos.
Y en cada un@ de ellos, algo en mí también se mueve, también aprende, también se transforma.
No hay una distancia real entre quien guía y quien aprende, sino un encuentro.
Un espacio donde cada uno va encontrando su propia manera de mirar la vida, de escuchar el cuerpo, de darle sentido a lo vivido.
Y ahí es donde sucede la verdadera magia.
Agradezco profundamente poder ocupar este lugar.
No desde el saber absoluto… sino desde la presencia, la escucha y el compromiso.
Porque ser tutora no es estar adelante.
Es caminar al lado.
Y en ese caminar compartido… tod@s, de alguna manera, seguimos aprendiendo a ver más allá.